Probablemente las “lagartijas” o flexiones de brazos constituyen una de las formas de gimnasia más populares en todo el mundo y en todos los grupos de edad. Además de su sencillez y practicidad, no requiere no complejidad y es posible complementarla con diversas estrategias que permiten incrementar su rendimiento.
Así, se reconoce que, al colocar los miembros superiores con las manos paralelas al eje longitudinal del cuerpo, evitando la flexión simultánea de los codos, la elevación del tronco contra la gravedad se asocia con la ejercitación de los músculos flexores del brazo, como el bíceps, el coracobraquial y otros grupos acompañantes.

En cambio, la ubicación de las manos de modo perpendicular al eje principal del tronco, en esta oportunidad flexionando los codos en cada maniobra de ascenso y descenso, constituye una opción óptima para el entrenamiento de los pectorales y los planos musculares asociados con su función.
Algo más complejo es el ejercicio derivado que surge al efectuar una maniobra similar a la anterior, pero con los carpos hacia adentro y la punta de los dedos dirigidos hacia afuera. Este recurso es una variante para entrenar la musculatura de la región central y posterior del tronco, pero requiere de cierto grado de entrenamiento previo de estos grupos musculares, dado el riesgo de lesiones por distensiones o desgarros.
En personas con experiencia en la práctica de ejercicio, las flexiones de brazos en todas sus versiones pueden complejizarse con una mayor resistencia surgida de la carga de peso adicional en el dorso o con la colaboración de otros atletas que ofrecen su propio peso o fuerza como elementos de complejización. La elongación posterior a este ejercicio incluye el estiramiento, la aplicación de calor local y los movimientos de relajación propios o asistidos.
Foto: Peso Ideal
