La práctica de ejercicio físico es motivo de una cantidad innumerable de ventajas en todos los ámbitos, edades y circunstancias de salud. Se reconocen sus beneficios en particular en las personas con distintas afecciones cardiovasculares o con factores predisponentes (diabetes, hipertensión arterial, aumento del colesterol o los triglicéridos, enfermedad coronaria), siempre que se efectúen bajo la estricta supervisión del equipo de profesionales de la salud.
De todos modos, existen fuertes temores en relación con los individuos que utilizan medicamentos que pueden modificar la coagulación de la sangre. Ocurre que la cantidad de sujetos que emplean estos fármacos se ha incrementado notablemente en los últimos años y la posible predisposición a lesiones graves es un motivo de preocupación.

Debe distinguirse entre las personas que utilizan antiagregantes plaquetarios, como la aspirina, el clopidogrel o el prasugrel, y los que utilizan anticoagulantes, como la warfarina, el acenocumarol, la heparina o el dabigatrán. Mientras que los primeros pueden realizar prácticamente toda clase de prácticas deportivas, los segundos deben conservar ciertas precauciones. Entre estas advertencias, sobresalen evitar los deportes de contacto en todas sus formas y, en lo posible, disminuir la realización de ejercicios que impliquen un intenso metabolismo anaerobio. En este sentido, vale recordar que el ejercicio anaeróbico provoca un mayor riesgo de lesiones, que en estos casos pueden complicarse con hematomas musculares.
Entre los ejercicios recomendados para los pacientes anticoagulados se proponen las caminatas, el footing, el trote, el ciclismo, la natación no competitiva y el tenis con fines recreativos.
Como en cualquier otra situación, las personas bajo tratamiento antiagregante o anticoagulante deben completar un calentamiento en la etapa previa y posterior al ejercicio, conservando un adecuado nivel de hidratación y de aporte de minerales y electrolitos durante la práctica deportiva.
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