Si bien el músculo pectoral está presente en ambos sexos, en el caso de las mujeres adquiere una relevancia que excede a su función de estabilización del tórax y de componente auxiliar de la respiración. Por el contrario, este músculo sobresale por su factor estético, ya que sirve de soporte al tejido mamario. A diferencia de lo que ocurre con los músculos, los senos no aumentan de volumen con el ejercicio, dado que no incluyen en su estructura propia elementos musculares u óseos.
Sin embargo, las tareas de fortalecimiento del pectoral permiten desarrollar una mejor base para la sustentación de las mamas, lo cual asegura la reducción de la velocidad del proceso de caída de estos órganos por efecto de la edad y del debilitamiento del tono de estrógenos.

Dado que el pectoral se encarga de movilizar los brazos hacia delante y acercar los miembros superiores hacia el centro de tórax, existe una gran variedad de ejercicios que aseguran el entrenamiento adecuado de este músculo del tronco. Una opción frecuente consiste en los protocolos de apertura con banda elástica, en posición de pie y con las piernas firmes. Debe repararse en no bajar los antebrazos, ya que se entrenarán otros planos musculares. Este mismo ejercicio puede efectuarse en decúbito supino con muy buenos resultados.
Como se enfatiza en toda forma de entrenamiento muscular, el precalentamiento y la elongación posterior a la sesión de ejercitación favorecen un mejor desempeño y reducen la probabilidad de lesiones. Los ejercicios pectorales no se recomiendan en mujeres con alteraciones posturales de la columna vertebral o durante las etapas finales del embarazo. En cambio, no existen restricciones relacionadas con la edad o con el número de sesiones de ejercicio, mientras se disponga de la supervisión adecuada.
Foto: Info Culturismo
