Las mascotas forman parte de la vida del ser humano desde tiempos inmemoriales. Además de su papel como compañía, se reconoce a los perros en múltiples tareas adicionales, como su función de animales de tiro, lazarillos, rescatistas, colaboradores de seguridad e incluso, en algunas culturas, como animal de consumo.
Sin embargo, poco se identifica a los perros como notables colaboradores en los planes de ejercicio, en especial para aquellas personas que reinician un esquema de actividad física, o bien para los individuos añosos que intensifican o dan comienzo a un protocolo de caminatas con fines médicos.

En este sentido, se recomiendan animales adultos de razas medianas, ya que las razas de mayores dimensiones (labradores, siberianos, doberman) requieren mayor desgaste biológico y pueden lesionar involuntariamente a sus dueños por su gran demanda física. Como contrapartida, las razas menores se agotan rápidamente y no satisfacen la necesidad de ejercicio deseada.
Por otra parte, no suele ser necesario un entrenamiento adecuado de la mascota para que resulte un eficaz aliado para la ejercitación. Al igual que en los seres humanos, los perros requieren de un cierto precalentamiento inicial, que se complementa con una caminata de varios centros de metros. A continuación es adecuado pasar a una marcha más veloz, complementando con estrategias de footing en función del nivel de entrenamiento de cada persona. La intensidad, la distancia y la magnitud del ejercicio podrán modificar en forma progresiva con el paso de las semanas.
En todos los casos, se hace hincapié en las universales recomendaciones de mantener una proporción adecuada de hidratación tanto para el amo como para la mascota, así como las medidas de prevención de accidente (correa de contención y protector bucal para evitar mordeduras accidentales a terceras personas).
Foto: Global Sports
