Entre las diferentes modalidades de entrenamiento físico, se reconoce al ejercicio isométrico como una opción destinada a aumentar la fuerza y el volumen de un determinado grupo de músculos.
El concepto de ejercicio isométrico implica una actividad física en la cual se provoca contracción muscular no asociada con desplazamientos de los miembros o con modificaciones del ángulo de las articulaciones. Por lo tanto, existe claramente trabajo muscular, lo que conduce a un incremento de la resistencia en el grupo de músculos trabajado con ese ejercicio.
Entre las formas más reconocidas de ejercicio isométrico se menciona el mantenimiento postural durante las sesiones de entrenamiento y las jornadas de levantamiento de pesas, en especial con cargas muy elevadas. En consecuencia, rara vez estas prácticas se realizan en forma aislada, sino que se integran dentro de rutinas o series destinadas a lograr hiperplasia de ciertos planos musculares.

Sin embargo, debe hacerse hincapié en que toda actividad isométrica genera constricción de arterias y venas, por lo cual es posible inducir un aumento asociado de la presión arterial. En consecuencia, esta modalidad de ejercitación no es recomendable en sujetos hipertensos, en individuos con insuficiencia cardíaca o en los ancianos, ante el riesgo de desencadenar crisis hipertensivas.
Se ha señalado que la respuesta muscular podría atenuarse cuando predominan las prácticas de ejercicio isométrico, por lo que siempre debe considerárselas como un actividad de tipo complementario y no como la primera alternativa de entrenamiento. Los expertos en fitness y otras disciplinas relacionadas recuerdan que el gasto metabólico vinculado con esta forma de ejercitación es menor que la descrita en el ejercicio dinámico. Luego, en ciertas ocasiones el ejercicio isométrico debería tender a evitarse, mientras que puede ser un interesante complemento en otras oportunidades.
Foto: Entrenamiento TV
